__________A(EN)TENDER LO EMERGENTE
__________Guillermo Cortes

Hoy escuchamos de países emergentes, mercados emergentes, partidos políticos emergentes, ciudades emergentes, empresas emergentes, arte emergente, etc. La noción de emergencia(1), para muchos, está asociada a los procesos económicos, políticos, sociales o culturales que generan transformaciones dando paso de una situación, normalmente entendida como “precaria” o “inferior”, a otra que implica una mejora y por tanto una condición “superior”. Desde esa lógica, lo que emerge -que hasta ese momento estuvo sumergido- cobra valor en tanto sale a la superficie, es re-conocido por otros y adquiere un estatus en el orden establecido.

Esta forma de atender y entender la emergencia tiene cierto carácter mítico, como el que muchas sociedades utilizaron para dar una explicación al devenir del mundo, para justificar un orden o para darle sentido a sus vidas. El mundo de lo visible y el mundo de lo invisible, el mundo de la superficie y el mundo subterráneo, el mundo de lo conocido y el mundo de lo desconocido.

Lo emergente debe entenderse desde donde “nace, sale y tiene principio de otra cosa”. Su gestación resulta tan importante como la visibilidad que adquiere cuando logra llegar a la superficie, mas aún si esta última depende esencialmente de la mirada de quien la observa y califica. La emergencia es acción y efecto de la confluencia de agentes, fuerzas y discursos que se construyen en la y con la interacción con el mundo real, no se gesta en una dimensión desconocida, donde fuerzas ocultas dan sentido e impulso a lo que deja de estar sumergido.

En esta misma línea, la calificación de emergente o no, responde a criterios e indicadores que se formulan desde una perspectiva, que supone de antemano una manera de ver el mundo cargado, en muchos casos, de prejuicios. Lo marginal, lo caótico, lo precario, el desorden, son solo algunas de las situaciones con las que se asocia y se define la procedencia de lo emergente, características de ese mundo paralelo que a veces no conviene conocer.

Sin embargo, es común aceptar el sello de emergente, dando por sentado que no importa la reducida capacidad crítica con la que los otros miran el mundo. Y hasta se llega a sentir satisfacción por adquirir ese sello, pues posibilita la visibilidad en ese mundo construido por otros, al mismo tiempo que otorga un escudo de protección que nos distingue y mantiene a salvo de aquello que no queremos ser.

¿EMERGENTES?, es una pregunta imprescindible que requiere una posición más crítica y menos autocomplaciente, desde quien observa y califica y desde quien se asume como tal. ¿La emergencia no es una práctica cotidiana?, ¿las acciones y discursos no se construyen en el mundo de lo visible, en el mundo de la superficie, en el mundo de lo conocido? Ser emergentes no debería quedar en asumir un calificativo, implica atender y entender la complejidad del proceso y la gestión de interactuar en la “superficie”, donde estos todos.

(1) Acción y efecto de emerger.
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