__________EL APARATO MODERNO
__________Julio Hevia Garrido Lecca
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El aparato moderno, en la visión de Michel Foucault, ha supuesto una mudanza en los mecanismos de control de la ciudadanía, entendiéndose por ello que el castigo de antaño se suprime para dar paso a otro dispositivo disciplinario que sería la vigilancia misma. El filósofo insiste en la idea de que el mundo moderno implementa, por vez primera, el modelo ver/ser visto, donde quien ve nunca será distinguido, mientras que el que es visto no sabrá en qué momento está siendo observado. En todo caso, la vigilancia, como vector dominante de las tecnologías del poder, debe despersonalizarse: la reflexión apunta a los lugares que fabrica el orden estatal, no a los sujetos con nombre y apellido.

Partiendo de los planteamientos de J. Bentham, se describe con lujo de detalles lo que se llama la primera cárcel moderna de la historia, el conocido Panóptico. Se trata, en pocas palabras, de una torre de observación, provista de persianas, alrededor de la cual se levanta un anillo de celdas que, al ser atravesadas por la luz que se filtra entre las rejas, aseguraría la vigilancia continua de los reos. A diferencia de Freud, Foucault nunca insistió en la represión sino en el tema de la productividad y en el de la corrección de todos aquellos que se desviaran del modelo predominante. Incluso el propio pensador francés da cuenta de las instituciones penitenciarias como verdaderos centros de capacitación del proceder delincuencial, y habla de la paradoja que constituye el hecho de que las naciones imperiales hayan enviado reos a sus colonias para distintos propósitos expansionistas. Otro tanto ocurre a propósito de la estrecha vinculación, actual y plenamente vigente, entre personajes de las altas esferas políticas y económicas y guardaespaldas de dudosa reputación y oscuros antecedentes.

No es gratuito entonces que la sensibilidad artística se vea hoy orientada por todo lo que hay de caricaturesco y contradictorio en la puesta en acto del sistema penitenciario, el hacinamiento que allí se perpetra, la nulidad de los sistemas de salubridad y, según se sabe, el mantenimiento del poder hamponesco cristalizado detrás de las rejas. La inseguridad imperante en nuestra capital, el amarillismo de la prensa mediática y la expansividad de una cultura del miedo vía las denominadas leyendas urbanas son partes constitutivas de un orden de cosas que tiende a parecerse a aquello que Deleuze y Guattari llamaron en su momento una “máquina de demolición”.

Mayo de 2017
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