__________EL ESPEJISMO DEL DESIERTO. VIDA, PASIÓN Y MUERTE DEL ARTE PERUANO (2000-2012)
__________David Flores-Hora
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_Texto original aparecido en:
Flores-Hora, David. (Enero-febrero de 2013). El espejismo del desierto. Vida, pasión y muerte del arte peruano (2000-2012). Buen salvaje, (3), p. 32.
_Comentario sobre la coyuntura cultural peruana de los primeros años del presente siglo.
_Edición: Dante Trujillo.
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I. EL ESTADO DE LA CUESTIÓN

El ambiente artístico limeño podría ser el gran espejismo del desierto. De lejos parece brillante, jugoso y abundante. De cerca es mayormente acrítico, centrípeto, políticamente correcto y muchas veces aburrido.

En un país donde el Presidente de la República ni siquiera mencionó la palabra “cultura” en su último discurso oficial, podemos deducir que las artes visuales, desde una política de estado, no es prioridad.

El crecimiento económico del país ha hecho posible la movilidad de artistas, quienes ahora se forman y exponen en otros países. Este momento de relativa bonanza también ha generado el crecimiento del coleccionismo y del mercado del arte en el Perú. Sin embargo, la institucionalidad artística – y todos sus agentes implicados- no han llegado a crear una “escena” de las artes visuales propiamente dicha. La endogamia es la gran característica de los últimos años.

II. LA INSTITUCIONALIDAD

Un nefasto personaje de camisa amarilla, en su faceta de Alcalde de Lima, fue el mayor culpable de la cancelación del evento de artes visuales más importante de los últimos años en el Perú: La Bienal de Lima (1997-2002). Pese a todos sus errores, la Bienal permitió posicionar a Lima en el panorama internacional artístico. Posibilitó la llegada de artistas y teóricos de primer nivel; y generó un debate alrededor de la visualidad peruana. Esta cancelación fue el gran fracaso cultural de la década, y nos dejó en claro varios argumentos: lo poco cohesionada -y la poca trascendencia- de la escena artística limeña; además, la gran capacidad que tenemos de elegir gobiernos ignorantes, mentecatos con cuello y corbata, y sin interés en la cultura. Por ejemplo, no podríamos imaginarnos la cancelación de la Bienal de Sao Paulo sin protestas y plantones. En Lima nada de eso pasó, el debate duró algunos días y todo un proyecto quedó reducido al recuerdo.

El concepto de vacío museal se ha repetido hasta el cansancio en los últimos años. Sin embargo, es imposible hablar de esto y no pensar en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC-Lima); espacio que nos demostró por muchos años la incapacidad que tenemos de poder gestar un proyecto cultural o museístico real, inclusivo y trascendente. Por mucho tiempo sólo tuvimos unos fierros que nos recordaron un categórico “En Construcción” del arte peruano. Ahora, a puertas del inicio de actividades de este museo, apostamos por un verdadero espacio de encuentro, un museo para todos.

El Centro Cultural de España fue el gran espacio de vanguardia durante casi toda la década pasada. Sin embargo, el recorte presupuestario parece haber determinado el perfil de este lugar. Aunque nunca hay que olvidar que más importante que el dinero es la capacidad de re-inventarse en cualquier contexto. ¿Quién decía “Gracias a Dios por la crisis”?

El Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) implementó una política editorial de lujo, la gran calidad de sus exposiciones, solo compite con la gran calidad de sus publicaciones. Por otro lado, la Alianza Francesa, y su concurso de artes visuales “Pasaporte para un artista”, es el semillero para muchos artistas. El mantener un concurso de este tipo es uno de los más grandes aciertos de la institución. Más aún, recordando la crisis europea actual y su repercusión en las diversas formas de cooperación cultural.

Indudablemente, en los últimos años el MALI se ha consolidado como el espacio más importante de discusión y difusión de artes visuales en Lima. La creación del Comité de Adquisiciones de Arte Contemporáneo (CAAC) ha contribuido a la dinamización del mercado del arte. La contratación de Sharon Lerner como curadora de arte contemporáneo es uno de los grandes aciertos de este museo. Sin embargo, y apelando al sentido crítico, la publicitada re-inauguración del museo fue empañada al incluir un evento de tipo blockbuster: la exposición “Portraits” de Mario Testino.

Si hablamos de institucionalidad artística, no podemos dejar de referirnos a proyectos independientes, y muchas veces autogestionarios, como MICROMUSEO ("al fondo hay sitio"). Esta propuesta no se limita al atesoramiento y exhibición de obras de arte. El verdadero fin es una apuesta de arte crítico bajo la curaduría de Gustavo Buntinx.

III. LA ACADEMIA

En septiembre de 2007 un derrumbe en un salón de la Facultad de Arte de la Pontificia Universidad Católica del Perú no solo dejó tres heridos, y un techo destruido, también evidenció la endeble situación por la que atraviesa la educación superior de arte en el país. Es de esta forma que “el accidente” (acontecimiento físico) dio visos de “la situación” (acontecimiento real). Un verdadero cambio en esta facultad no es solo pasar del asbesto al concreto; debería ser pasar de la mediocridad al empoderamiento profesional y la capacidad crítica.

La situación de la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes del Perú (ENSABAP) no es más prometedora. El mayor de sus problemas es un grupo de profesores en decadencia, desactualizados y sin ninguna capacidad de generar un motivación real a sus alumnos. Se podría hablar de un grupo docente con olor a naftalina, sin vínculos con el mundo real, defensores a ultranza de anticuadas ideas como las del mago creador, la inspiración artística o el artista enajenado en su taller. Posturas que en la actualidad están totalmente superadas y que no tienen ningún asidero en una enseñanza seria de artes visuales. El gran mérito de los últimos años en la ENSABAP es la apuesta por jóvenes docentes, jóvenes coordinadores y un joven director. Esto, indudablemente, ha oxigenado el acontecer de esta escuela y nos hace pensar en nuevos tiempos por venir.

Las escuelas de enseñanza de historia de arte en el Perú –el pregrado y postgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; y el posgrado de la Pontificia Universidad Católica del Perú- mantienen una gran deuda con la historiografía contemporánea peruana, con el debate y la generación de ideas. Indudablemente la existencia de estos estudios en Lima ha despertado el interés por el análisis del arte, la curaduría y la crítica. Sin embargo, falta un verdadero interés por entregar herramientas de gestión y discurso a sus estudiantes y egresados.

La Escuela de Arte Corriente Alterna y el Centro de la Imagen son dos de los espacios más dinámicos de la ciudad. Sin embargo, es urgente una verdadera apuesta política –en el amplio sentido de la palabra- de estos lugares. Aquí se corre el riesgo de caer en la frivolidad y el sin sentido.

IV. EL MERCADO

En la segunda mitad de la última década surgieron proyectos que intentaron democratizar la adquisición de objetos artísticos. Con una dinámica de feria de arte a bajos precios, estos eventos no fueron grandes aportes al desarrollo de la plástica peruana. Indudablemente, crearon un interés por nuevas generaciones de artistas, pero la mala selección de los participantes generó confusión y malos hábitos de consumo de arte.

Por otro lado, y frente a la falta de una feria de arte internacional en Lima, el 2013 habrá dos de estos eventos en simultáneo. Esta situación puede ser positiva en tanto permita un real contacto de artistas, espacios de arte, y teóricos con la producción internacional. Además, pueden ser elementos de formación y profesionalización del coleccionismo.

V. LA CRÍTICA

Indudablemente Élida Román, en El Comercio, y Luis Lama, en Caretas, son los dos críticos de arte con mayor constancia en el medio. La sistemática desaparición de las páginas culturales nos hace reflexionar en cuanto tiempo más durará el espacio para la crítica de arte en el Perú.

La mención de artes visuales en los periódicos está basada en una fría nota de prensa. Con esto no se genera conocimiento, solo se genera información. Frente a este panorama, la irrupción de plataformas virtuales y de publicaciones independientes ha permitido un pequeño, pero esperanzador, avance en materia de escritura crítica.

VI. LA CURADURÍA

La curaduría es una espacie de “carrera del futuro”. No debería sorprender la próxima aparición de postgrados en curaduría. Esto indudablemente será un negocio redondo para la institución que lo organice, pero será un gran paso en falso para quien siga este programa.

Los estudios curatoriales son propuestas académicas en muchos lugares del mundo, pero en estos lugares hay todo un sustento teórico que avala la propuesta. Preguntas obvias surgen: ¿Cómo se puede pretender ser curador sin tener un sustento solido en historia del arte, estética o arquitectura? ¿Cómo se puede explicar que se confunda el ejercer como curador con escribir un texto para una muestra?

Aunque todavía hay mucho por discutir y plantear, en bienvenido todo interés y trabajo serio en curaduría. Sin embargo, nunca se debería olvidar que la curaduría es una toma de posición y es poner en evidencia un punto de vista crítico.

VII. LA CONCLUSIÓN

En una entrevista que le hacen al teórico de arte canadiense Serge Guilbaut, autor del libro “De cómo Nueva York robó la idea de arte moderno”. (Madrid: Mondadori, 1990). Dice lo siguiente: “Los coleccionistas, los museos y el establishment internacional de los curadores. Los museos para mí están produciendo un gran daño a la cultura. Porque rechazan el debate y están preocupados más que nada por la cantidad de visitantes.”

Efectivamente, y en total concordancia con Guilbaut, rechazar el debate y la crítica es caer en la apatía más grande. Las prácticas artísticas son mecanismos de cuestionamiento, el artista es también un agente de cambio. El empoderamiento de la escena de las artes visuales en el Perú es un compromiso a asumir por todos los involucrados.
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